El regreso de la foca monje a aguas de Baleares, 70 años después de ser vista por última vez - Diario CR
25 de marzo de 2023
El regreso de la foca monje a aguas de Baleares, 70 años después de ser vista por última vez
El regreso de la foca monje a aguas de Baleares, 70 años después de ser vista por última vez
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El regreso de la foca monje a aguas de Baleares, 70 años después de ser vista por última vez


Las focas monje reciben su nombre debido a la grasa que se acumula en su cuello, pues al adoptar una postura erguida, forma pliegues similares a los hábitos de los monjes franciscanos.

El regreso de la foca monje a aguas de Baleares, 70 años después de ser vista por última vez

Última actualización: 15 febrero, 2023

La foca monje (Monachus monachus) es un mamífero marino de tamaño considerable que solía habitar gran parte de las costas del Mediterráneo. Sin embargo, debido a la presencia humana y a la cacería, sus poblaciones se redujeron y se concentraron en grutas de difícil acceso. Esto ocasionó que los encuentros con la foca monje disminuyeran y desapareciera por alrededor de 70 años.

Contra todo pronóstico, algunos científicos han detectado ciertos rastros de ADN en las aguas del Mediterráneo. Al parecer, la foca monje está de regreso en su distribución original o visita de forma esporádica algunas islas como las Baleares. Sigue leyendo este espacio y descubre más acerca del retorno de esta peculiar especie.

¿Cómo es la foca monje?

La foca monje es un pinnípedo que mide entre 2 y 2.8 metros de largo, con un peso de entre 240 y 300 kilogramos. Al igual que otras focas, exhibe un cuerpo alargado, cilíndrico y robusto que se reduce en dirección a la cabeza. Esta apariencia beneficia su movimiento en el agua, pero afecta bastante su movilidad en la tierra.

En cuanto a las extremidades de esta especie, su cuerpo cuenta con dos aletas pectorales cortas y dos traseras (patas palmeadas) fusionadas. Como es posible imaginar, sus aletas son poco funcionales en ambientes terrestres, de manera que para desplazarse en tierra necesitan deslizarse o arrastrarse.

La coloración de la foca monje es gris o marrón, con excepción de su vientre que es blanco. Sin embargo, los machos tienden a lucir tonalidades más oscuras que las hembras, aunque estas también pueden variar según la edad del individuo.

Monachus monachus.

¿Qué es lo que hizo desaparecer a la foca monje de las Islas Baleares?

La foca monje fue un habitante recurrente de las costas de las Islas Baleares. No obstante, su población comenzó a reducirse desde la llegada del ser humano a esta zona. La cacería de la especie era popular porque se obtenían recursos como carne, aceite y piel (cuero). Estos eran materia prima de gran utilidad en la época, así que se comerciaban con facilidad.

Con los avances tecnológicos, las personas comenzaron a depender menos de la cacería y la explotación de la foca monje. El único problema es que, a partir del siglo XX, los pescadores la percibieron como un competidor que dañaba su producción. Por lo tanto, fue perseguida para erradicar su presencia y mejorar la obtención de recursos de la zona.

De hecho, durante este tiempo se ofrecían recompensas por la muerte de la especie, lo que fomentó aún más su persecución. Por culpa de los constantes conflictos entre humanos y focas, esta última dejó de frecuentar las zonas habitadas y prefirió regiones más tranquilas como cavernas submarinas. Es así como poco a poco se le perdió el rastro y desapareció.

Los últimos registros de avistamientos de la especie se suscitaron en los años 1951 y 1958. Si bien es cierto que existen algunos encuentros más recientes, no se tiene certeza de que se trate de la foca monje. A simple vista, es posible confundirla con otras especies, como la foca común y la foca de casco, que visitan de forma esporádica la región del Mediterráneo.

El regreso de la foca monje a las Islas Baleares después de casi 70 años

A pesar de la explotación que sufrió la foca monje, sus poblaciones sobrevivieron durante mucho tiempo recluidas en zonas de difícil acceso para los humanos. Esto fue crucial para salvarse de la extinción, pues gracias a su distanciamiento lograron recuperarse de la explotación y aumentaron el número de ejemplares vivos.

Al mismo tiempo, se generaron leyes y tratados que protegían a la especie en toda su área de distribución, lo que evitó que volviera a ser atacada por los humanos. Además, se estableció un programa de recuperación de su hábitat para intentar que regrese a las islas que frecuentaba en un inicio.

Durante mucho tiempo, no se tuvieron noticias positivas sobre la foca monje. No obstante, en el año 2021, un grupo de científicos logró rastrear fragmentos de ADN de la especie que se encontraban en varios sitios del Mediterráneo. Entre ellos destacan las Islas Baleares, el estrecho de Sicilia y el mar Tirreno.

Esto significaba que los ejemplares estaban saliendo de su zona de confort y visitaban regiones nuevas. Es como si se tratara del regreso de la foca monje a sus hábitats originales como las Islas Baleares, después de casi 70 años de ausencia. Asimismo, se comenzaron a registrar nuevos avistamientos de la especie cerca de los sitios de muestreo.

Por supuesto, esto solo es una suposición y aún no existe información que confirme o desmienta este hecho. Aun así, es esperanzador saber que la población de la foca monje parece estar estable y en aumento. Es claro que la lucha contra la extinción no ha finalizado, pero los resultados son positivos y la meta está cada vez más cerca.

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